Coplas a mi amigo alfonso

 

 

 

 

 

 

Corrían los años sesenta,
era el final de un estío,
época de leñadores,
víspera de Santo Tirso,
cuando nació en Salamón
Alfonso, mi buen amigo,
hijo de Felipe y Cova,
también llamado Gabino.


Siempre fue muchacho enjuto,
musculoso y aplicado,
que desde muy jovencito
ya cuidaba del ganado,
tiraba de motosierra,
segaba a doble marallo,
empacaba los ribones,
y arregañaba los carros.


Talante como el de Alfonso
pocas veces se ha encontrado.
Lo que tiene de forzudo
lo tiene de gran muchacho.
Amigo de todo el mundo,
dispuesto a echar una mano,
siempre con su gran carácter,
alegre y nunca enfadado.


Mala suerte tuvo el hombre,
cada poco accidentado.
Una vez rompía el menisco,
otra un hombro dislocado,
otra un pinchazo en el muslo,
otra el taki revolcado,
pero al final sin problemas,
del susto nunca ha pasado.


Siempre fue amigo de retos,
deportes y desafíos.
Lo mismo luchaba a brazo,
que pedaleaba con brío,
quebraba dedos a pulso,
u organizaba un partido.
En el fútbol, sin dudarlo,
el Madrid su favorito.


Aptitud de luchador
de lucha leonesa tuvo,
aunque nunca compitió
por ser un deporte duro,
y una estrella se perdió,
de eso sí que estoy seguro,
y además también dejó
de ganar bastantes duros.


A los bolos un maestro,
con esas bolas al cielo,
que a más de uno dejaron
pasmados y boquiabiertos,
cuando en el castro caían,
después de volar cien metros,
y un ahorcado se marcaban
con elegancia y salero.


En una de tantas noches
por el Húmedo de fiesta,
acompañado de Gelo,
Jandri y los demás colegas,
halló su media naranja,
se enamoró hasta las muelas,
y las demás candidatas
huyeron gastando suelas.


Su vida radicalmente
desde entonces ha cambiado.
Ya no frecuenta el Botijo,
ni el Infierno, ni el Garbanzo.
Ya no alterna por Cistierna
ni en las ferias de Riaño.
Lleva vida retirada
desde hace ya más de un año.


Le empiezan a echar de menos
las montañas de Riaño,
las noches de la ciudad
y los amigos cercanos.
Pero al fin la gran noticia:
para el próximo verano
se anuncia ya el compromiso
y el ajuar va preparando.


Alfonso es ahora la envidia
de cuantos le conocemos.
Él ha vivido la vida
como todos pretendemos.
Prolongó su juventud
hasta su máximo extremo
y ahora que es joven maduro
por fin se plantea el asueto.


Me alegro por tí Alfonso
me alegro porque te aprecio,
esta vez sí que has triunfado
con este cambio de tercio.
Arancha ¡qué suerte tienes!
tu novio no tiene precio.
Te llevas al mejor mozo,
lo más grande de este término.


Mis deseos de lo mejor
para vuestra nueva vida
y que la suerte os depare
una muy amplia familia.
Como se suele decir,
en situación parecida,
no perdemos un amigo
que ganamos una amiga.


¡FELICIDADES!


Salamón, enero 2004
 

 

 

 

 

 

 

Me he tomado la libertad de tomar prestada esta copla que apareció en La Hila el 17/1/04. Merece la pena y refleja el aprecio general que tiene Alfonso en no sólo en nuestro pueblo sino allí donde le conocen, es decir, en toda la Montaña. Desde estas líneas me sumo al deseo de FELICIDAD para la nueva pareja. (El administrador)