HISTORIA, VIDA Y MUERTE DE LOS CONCEJOS

 

Concejo es una palabra polisémica que tiene distintos significados muy relacionados entre sí e imposibles de concebir por separado.

Por un lado, hace referencia a una antigua forma de organización territorial, es decir, una forma de división administrativa de un territorio. Por otro lado, hace referencia a la forma en que se gobierna y se administra ese territorio concreto.

Posteriormente, una vez que ha desaparecido la  organización social que originó los concejos, éstos perviven como la forma de gobierno de cada uno de los pueblos de la Montaña de León y de pueblos de otras comarcas tanto Leonesas como de otras comunidades autónomas.

¿Cuál de los dos conceptos o realidades surge primero? Quizá surjan los dos a la vez o quizá en principio solo existiese la palabra “concilium” en referencia a la manera en que se regían los pueblos visigodos cuya costumbre se extendió al resto de la población y que responde al concepto actual de asamblea. Lo que está claro es que de ella derivan palabras actuales como concilio, concejo, consejo, aconsejar…

 

CONCEJO COMO ORGANIZACIÓN TERRITORIAL

 

La organización de un territorio formando un Concejo supone la agrupación de varias poblaciones cercanas entre sí con rasgos comunes entre ellas para formar una entidad organizativa superior al propio pueblo.

En principio la finalidad es hacer frente desde la solidaridad de los pueblos del concejo a posibles agresiones externas.

Los primeros y escasos documentos existentes nos hablan de la existencia de la Tierra de Alión que es la primigenia organización territorial de nuestro Valle del Dueñas y de los pueblos que lo componen en la actualidad pero con una antigüedad, que no se nos debe olvidar, de más de 1.000 años: Lois, Ciguera, Salamón, Valbuena de Roblo, Las Salas

Hasta nuestros días ha perdurado el nombre de Tierras de la Reina en referencia a las posesiones de la reina Constanza  en torno a la fortaleza de Boca de Huérgano.

Aunque en 1464 aún se habla de Tierras de Aleón, a partir del Siglo XV se habla del Concejo de Aleón que mantendrá su denominación y composición durante los siguientes 400 años. (Hay que decir que ya desde el S XV se habla de Aleón en lugar de Alión, pues las palabras, como todo, evolucionan  y cambian con el paso del tiempo. Por eso hablaré de Aleón si en los documentos  de la época aparece escrito de esa manera, aunque en su origen fuese Alión)

Estaba formado por Huelde, Las Salas, Ciguera, Lois, Salamón y Valbuena de Roblo, y los pueblos desaparecidos de Islaredo y Robro. En algunos momentos parece estar incorporado el lugar de Corniero pero ni se cita en todos los documentos ni se conocen los motivos de su aparición y desaparición dentro del concejo de Aleón. Asimismo,  Julio de Prado Reyero, incluye Remolina dentro de dicho Concejo de Aleón.

 Lo que está claro es que este concejo, heredero de la Tierra de Aleón, está formado desde sus orígenes por hombres libres, dueños de sus propias tierras y con la capacidad de heredar esas propiedades.  En esos momentos históricos esta circunstancia era un hecho determinante para la vida de cualquier persona ya que o se era libre o se era siervo supeditado a la autoridad de un señor feudal propietario de tierras y almas. En la Edad Media los grandes propietarios de tierra eran los señores feudales y la iglesia a través de sus múltiples monasterios.

Nos encontramos con dos tipos de Concejos: los que únicamente deben obediencia al rey y por tanto son de realengo; y los concejos señoriales que son propiedad de un señor feudal o de la iglesia. Esta situación no es estable a lo largo de los siglos y un mismo concejo puede pasar de realengo a señorial, de señorial a eclesiástico o viceversa en cualquiera de las posibilidades.

El concejo realengo de Aleón estaba enclavado entre territorios de señores feudales y eclesiásticos. Por el Este: Anciles que pertenecía a los Marqueses de Prado. Más al Sur el concejo señorial  de Ventaniello formado por Aleje, Corniero, Crémenes y Villallandre del Obispado de León al igual que Colle, Valdesabero, Vegamián, Merindad de Boñar…entre otros muchos hacia el oeste. El Condado de Valdoré: formado por Valdoré, la Velilla y Verdiago pertenecientes a la casa de los Guzmanes de León. La única posibilidad de relación en plano de igualdad era hacia el norte con los concejos de realengo de Burón, Maraña, Sajambre y Valdeón con los que terminará conformando la Merindad de Valdeburón que sufre las apetencias territoriales de la casa de los Condes de Tovar y de los Marqueses de Prado.

Cada uno de los concejos o entes territoriales tiene una relación de vasallaje diferente con la nobleza, con el poder eclesiástico, o con la realeza en cada uno de los momentos de la historia. Así vemos que el concejo de Ventaniello dependiente del obispado pasará  posteriormente a la condición de realengo, al igual que otros muchos señoríos eclesiásticos que deberán endeudarse fuertemente para liberarse de la tutela de las instituciones de la iglesia.

El concejo de Aleón está ligado directamente a la Corona de los Reyes de León y esta característica se mantendrá en los siglos posteriores, luchando constantemente para evitar la injerencia de los poderosos señores feudales que intentarán en todo momento  aumentar su territorio y poderío  a costa de los concejos.

En los  veinte años comprendidos entre 1447 y 1467 se producen unos hechos muy significativos para el desarrollo de los concejos. Por un lado se produce la creación del la Merindad de Valdeburón y por otro lado el rey Enrique IV entrega en señorío los concejos realengos de Tierra de Aleón, Burón, Maraña, Valdeón y Sajambre a Juan de Tovar, señor de Tierra de la Reina y nieto de Alfonso IX. La defensa de la libertad, costumbres, propiedades y privilegios hace que la Merindad de Valdeburón se levante en armas contra su nuevo señor feudal, Juan de Tovar, y asalte el palacio fortaleza de Boca de Huérgano del que aún se conserva los restos de un torreón. Aunque esta revuelta termina con el ajusticiamiento de los cabecillas de la rebelión se logra que el rey Enrique se desdiga de su concesión inicial y mantenga el carácter de realengo a los concejos de la Merindad. La defensa de este privilegio debió quedar muy arraigada en la memoria de los habitantes ya que 300 años más tarde en el Catastro del Marqués de Ensenada los representantes de Salamón lo primero que responden es que “Salamón es una villa de realengo”.

 

EL CONCEJO COMO ORGANIZACIÓN SOCIAL: UN PARTICULAR SISTEMA DE ADMINISTRACIÓN Y JUSTICIA.

 

Una vez delimitado el territorio formado por hombres libres que no deben obediencia más que al rey, por hombres propietarios de sus tierras, y por hombres que son iguales entre ellos, es necesario establecer un sistema de gobierno que permita mantener unas relaciones sociales basadas en la igualdad.

Este sistema de gobierno es el denominado “concejo abierto”, herencia de los “concilia” visigodos  como se ha dicho anteriormente, y que fue adaptado a la realidad de la repoblación durante los primeros momentos de la Reconquista frente a los musulmanes.

Con esto, vemos que nos estamos refiriendo a una institución con muchos siglos de antigüedad pero que se ha ido manteniendo hasta nuestros días, adaptándose a las circunstancias del momento.

Al hablar de concejo desde la baja Edad Media hasta nuestros días nos estamos refiriendo al denominado “concejo abierto” en el que participan todos los vecinos de un determinado lugar.

La actual disposición de nuestros pueblos tiene su origen en la realidad concreta de la repoblación que se realizó desde las montañas del norte hacia las llanuras del sur. La conquista musulmana propició una alta concentración de población en la zona norte peninsular que llevó a la ocupación de todos los rincones de llanuras y valles que fuesen susceptibles de ser cultivados y permitir la subsistencia de un grupo de familias. De esta manera fueron surgiendo multitud de núcleos de población hasta conformar en nuestros días la provincia española con mayor cantidad de pueblos con más de 1350 núcleos de población a pesar que en los últimos años se ha producido la desaparición de casi medio centenar de pueblos.

Un rasgo característico de estos pueblos es que cada uno de ellos dispone de su propia iglesia frente al tipo de poblamiento de Asturias o Galicia en que varios pueblos disponen de una única iglesia para todos ellos lo que da lugar a las parroquias.

Otro rasgo característico es que cada pueblo dispone de un terreno común que puede ser aprovechado de forma racional  por los vecinos del pueblo de acuerdo a unas normas que se han dado ellos mismos, para evitar la sobreexplotación o desaparición de los pastos y montes que suelen ser la base de la economía.

Al concejo abierto se convocaba haciendo tañer la campana, generalmente después de la misa dominical, y a pesar de llamarse “abierto” únicamente acudía el cabeza de familia de cada una de las familias del pueblo que era quien hablaba en representación de su casa familiar.

Las decisiones tomadas en concejo eran de obligado cumplimiento.  Es un órgano de decisión eminentemente democrático que con el paso de los siglos recoge unas normas basadas en la tradición oral y las plasma en unas Ordenanzas Concejiles que regulan todos los aspectos de la vida en la vecindad.

El no respeto de las normas establecidas estaba claramente penalizado y nadie se podía negar a cumplir la pena que le hubiese impuesto el Concejo por las infracciones cometidas siempre relativas al derecho común y nunca criminal. Las penas eran generalmente multas que debían pagarse en vino, que era un bien escaso y preciado en la Montaña. Este vino se daba a beber en las hacenderas y en los concejos a cada uno de los vecinos desde la Copa del Concejo que era el símbolo de la igualdad entre sus miembros.

El concejo realengo elegía anualmente los distintos cargos de gobierno: Regidor, Juez Ordinario y alcaldes de la Santa Hermandad por un año, mientras que en los concejos señoriales estos cargos no se sometían a elección y eran designados por el señor del territorio.

Julio de Prado Reyero dice literalmente: “Asimismo todos los vecinos tienen por igual derecho a participar en el gobierno y administración de los asuntos del Concejo. Desde la Edad Media se concede categoría de vecino a aquel que tiene hogar con chimenea que se enciende todos los días .Los vecinos ejercían sus derechos por medio del sufragio directo, pudiendo ser elegido todos los aforados que reúnan las circunstancias legales, las personas más aptas o los que gocen de mejor fama. Bastaba para la validez la elección popular sin que fuera necesaria la confirmación de poder alguno extraño al concejo, incluso el Rey, que se mantenía ajeno a estos trámites.”

 

LAS ORDENANZAS CONCEJILES

 

Las normas que en un principio se transmitían de forma oral hasta llegar a configurar un corpus de derecho consuetudinario comenzaron a ser recogidas por escrito en forma de ordenanzas con la finalidad de regular con criterios fijos y preestablecidos los distintos aspectos de la vida del Concejo. El rey Alfonso X el Sabio comienza a establecer la necesidad de recoger por escrito las ordenanzas de Concejos y Villas. Esta tendencia se mantendría durante los siglos posteriores hasta llegar el momento en que prácticamente la totalidad de las Villas y Concejos tenían redactadas sus ordenanzas.

Durante los primeros años del siglo XX, historiadores leoneses, hicieron un esfuerzo por recopilar las antiguas ordenanzas de los Concejos impidiendo que muchas de ellas desapareciesen en el olvido. Hojeando alguna de ellas es posible llegar a conocer el grado de meticulosidad que llegaban a tener para reglamentar cada uno de los aspectos de la vida de la comunidad de vecinos que constituía el Concejo.

 

¿QUÉ QUEDA DEL CONCEJO DE ALEÓN?

 

Nominalmente los Concejos son suprimidos por las Cortes de Cádiz en 1812 y sustituidos en 1836 por los Ayuntamientos. Sin embargo la precariedad en que se encontraron los Ayuntamientos a lo largo del siglo XIX y XX, e incluso en la actualidad, hizo que la  verdadera administración de los pueblos siguiese siendo a través de los concejos abiertos. El Ayuntamiento era una mera oficina recaudadora de impuestos, mientras que el Concejo decidía sobre los bienes comunales que eran propiedad de los vecinos y que constituía la verdadera fuente de riqueza de los vecinos. El actual ordenamiento jurídico, surgido de la constitución democrática de 1978, reconoce la validez de los Concejos Abiertos y son muchos los pueblos de la provincia de León que siguen funcionando con este ancestral método de gobierno que ha mantenido su vigencia durante tantos siglos y en las más diversas circunstancias.

En el fondo los Fueros y Juntas de Vizcaya, Alava, o Guipúzcoa tienen las mismas raíces históricas que nuestros olvidados concejos. Son la defensa de unas libertades y una forma de ser y actuar propias frente a un poder externo. Esto no quiere decir que el Concejo sea un ente territorial independiente. Muy al contrario, el concejo tiene conciencia de su pertenencia a la Corona y Reino de León y fidelidad a un rey que demostrará repetidamente a lo largo de la historia.

Del antiguo Concejo de Aleón, que sobrevivió varios siglos más que el propio reino que les vio nacer, nos queda su nombre y su poco conocida historia. En el plano material se conserva el “prao Concejero”, lugar que por su nombre y posición sobre el monasterio de S. Martín de Alión, parece evocarnos el lugar de reunión de los hombres libres de la Tierra de Alión y más tarde del Concejo de Aleón.

Y me aventuro a decir que nos queda sobre todo el símbolo del Concejo: su pendón. La ermita de Roblo conserva un pendón, que sin ser experto historiador, ni cosa alguna, considero como uno de los últimos vestigios del Concejo de Aleón.

Los pendones en su origen fueron el distintivo que identificaba la mesnada, es decir los soldados, que un territorio ya fuese Concejo, Merindad, Villa, Tierra… enviaba ante la llamada del rey o de su señor. En la Edad Media no existían ejércitos regulares y para cada campaña militar se formaban mesnadas compuestas por soldados-campesinos agrupados en función del lugar de procedencia bajo un estandarte propio que reflejaba ese origen. Al terminar la Reconquista y las guerras fronterizas los pendones quedaron relegados a las celebraciones religiosas pero manteniendo el privilegio de ondear a la cabeza de las procesiones aún por delante de las imágenes sagradas de los patronos de cada pueblo.

El Pendón de Roblo, que me aventuraría a denominar Pendón del Concejo de Aleón, tiene la forma y los colores clásicos de los primeros pendones leoneses. Se trata de un rectángulo de seda adamasquinada con un corte central que hace terminar en punta los lados más largos del rectángulo, constando de cuatro bandas horizontales alternas en color rojo y verde. El color rojo hace referencia a los colores del pendón real de los Reyes Leoneses y el color verde hace referencia al Islam que fue el  enemigo combatido durante 700 años de guerras.

Se desconoce el paradero de dos elementos característicos del concejo: la copa concejil y el arca concejil que guardaba las ordenanzas, privilegios, foros y otra documentación esencial. Lo habitual era que se custodiaran bajo llave en la iglesia de referencia de cada Concejo, aunque puede que, su custodia fuese responsabilidad de los miembros electos del concejo y se traspasase junto con la vara simbólica que representa el poder dentro del concejo.

Algunos pueblos aún conservan estos elementos arcaicos pero de incalculable valor no solo económico, que también lo tienen, sino sobre todo histórico y sentimental para cada uno de los pueblos.

En Salamón queda constancia y memoria generalizada de la existencia tanto de la copa como del arca concejil hasta hace bien pocos años.

Fotos de un concejo en Huelde bebiendo por la copa de plata.

 

Y… ¿EL FUTURO?

 

El futuro será lo que nosotros queramos pues está en nuestras manos posibilitar que sea de una u otra manera.

La realidad actual de nuestra Montaña y de todos y cada uno de sus pueblos no puede ser menos halagüeña y no permite albergar grandes expectativas sobre el futuro más inmediato. El envejecimiento y la despoblación llevan camino de convertir grandes superficies de la provincia de León en zonas deshabitadas en una época no muy lejana en el tiempo. ¿Cuál será el futuro de los pueblos? ¿De los terrenos comunes? ……..

La solución nos la da la historia. Frente al individualismo exacerbado, que no conduce a nada más allá de enfrentamientos inútiles, queda la potenciación del concejo como instrumento para la recuperación de toda una comarca amenazada por graves peligros. El concejo como lo que fue siempre: un foro abierto a todas las personas y a todas las ideas, un punto de discusión y de encuentro, una asamblea de vecinos interesados en defender sus derechos y en mejorar su calidad de vida aunque ello suponga que también mejore la del vecino de al lado.

En un momento en que la idea más extendida entre la población es la desconfianza sobre gobernantes, y políticos en general es necesario volver a la verdadera participación ciudadana en los hechos cotidianos. No sólo la participación que se produce cada cuatro años para elegir unos representantes a los que no se vuelve a ver, sino la vuelta a la participación directa sobre todos los asuntos que influyen en la vida de un pueblo y de cada uno de sus habitantes.

Unos concejos que deben volver a funcionar en cada uno de los núcleos de población por mínimos que sean. Una forma de entender la participación ciudadana que debe extenderse a entidades superiores a los pueblos como municipios, mancomunidades o comarcas. Hay que retomar el espíritu de los viejos concejos y de la vieja Merindad  para aglutinar,  unificar y canalizar las inquietudes de toda una comarca que necesita la unidad de fuerzas e intereses para poder salir de la situación de postergación, de apatía y de conformismo con esta muerte dulce en que se encuentra.

Nuestros pueblos con más de 1000 años de historia parecen estar encarando su recta final debido a la incompetencia de una generación, la nuestra, que no ha sabido ni querido mantener la cohesión que permite a los seres más débiles enfrentarse satisfactoriamente a amenazas mucho más fuertes.

 

Miguel Ángel Díaz López

La Voz de Salamón Nº 12. Año2005.

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